Primera herramienta que evalúa la práctica colaborativa entre farmacéuticos y médicos

Ha sido desarrollada por Ana Sánchez Molina y forma parte de su tesis doctoral. El cuestionario permite detectar áreas de mejora y facilitar el desarrollo de estrategias a futuro.

Actualizado a 15 febrero, 2023. Diario Médico

Ana Isabel Sánchez Molina, farmacéutica comunitaria en Badajoz, ha desarrollado, con la colaboración del Grupo de Investigación en Atención Farmacéutica de la Universidad de Granada, una herramienta validada única en España que evalúa la práctica colaborativa entre farmacéuticos y médicos. 

La relevancia de este trabajo radica no solo en que se trata de la primera herramienta de estas características en España sino también en que hacía falta que existiera, puesto que la sociedad actual, marcada por el envejecimiento, la cronicidad y la polimedicación de la población, demanda la práctica colaborativa entre médicos y farmacéuticos. Medir si se está haciendo esta práctica y cómo se lleva a cabo es, pues, necesario, según argumenta a este periódico su creadora.

«Tanto en España como a nivel internacional -prosigue- se ha avanzado mucho en la prestación de servicios profesionales farmacéuticos a los pacientes. A su vez, el paciente cada vez es más demandante de estos servicios y esto hace que el farmacéutico y el médico tengan que interaccionar a nivel profesional con el objetivo de satisfacer la salud, las necesidades de las enfermedades y el bienestar de los pacientes respetando las habilidades y cualidades específicas de cada profesional. Estas interacciones forman parte de la práctica colaborativa y es necesario medirlas para saber cuál es el nivel de práctica colaborativa actual y poder establecer estrategias que mejoren dicha práctica entre ambos profesionales con el fin común de mejorar los resultados en salud de los pacientes». 

Después de una ardua investigación, la farmacéutica señala que «en otros países existen algunas herramientas similares que fueron diseñadas y validadas desde su origen por médicos y, posteriormente, fueron adaptadas para el farmacéutico». Precisamente, esto es una diferencia importante que pone aún más en valor la herramienta que ella ha desarrollado. Y es que, ha sido diseñada y validada desde su origen desde la perspectiva del farmacéutico comunitario, lo que la convierta en «la primera herramienta validada en España para medir la práctica profesional colaborativa entre el farmacéutico comunitario y el médico desde la perspectiva del farmacéutco comunitario», enfatiza.

Un cuestionario de 14 items

Lo que Sánchez Molina ha desarrollado es un cuestionario que mide «interacciones que son necesarias para el desarrollo de la práctica profesional colaborativa entre el farmacéutico comunitario y el médico desde la perspectiva del farmacéutico comunitario». 

Cuestionario elaborado por la farmacéutica Ana Sánchez Molina. Foto: ARABA PRESS.
Cuestionario elaborado por la farmacéutica Ana Sánchez Molina. Foto: ARABA PRESS.

En concreto, contempla 14 items agrupados en tres áreas, que son: 

Ítems necesarios para la Activación de la Práctica Profesional Colaborativa (factor 1)

  1. Informo a este médico de la evolución de los problemas de salud de determinados pacientes.
  2. Este médico y yo hemos llegado a un acuerdo para integrar los servicios que proporciono en la farmacia como parte de nuestra práctica profesional colaborativa.
  3. Este médico evalúa los resultados de los servicios profesionales farmacéuticos que proporciono a determinados pacientes.
  4. Informo a este médico de los resultados obtenidos con los servicios que proporciono en la farmacia a determinados pacientes.
  5. Este médico conoce las expectativas profesionales que tengo con él.
  6. Me comunico con este médico para conocer sus expectativas sobre los servicios profesionales que proporciono en la farmacia.
  7. Me comunico con este médico para conocer sus expectativas sobre la salud de determinados pacientes.

Ítems necesarios para la Integración en la Práctica Profesional Colaborativa (factor 2)

  1. Este médico me hace recomendaciones para mejorar la atención sanitaria a determinados pacientes.
  2. Pregunto al médico por su experiencia profesional en determinados servicios profesionales que proporciono en la farmacia.
  3. Recibo feedback por parte de este médico después de hacerle una recomendación clínica.
  4. Este médico y yo estudiamos conjuntamente estrategias para mejorar la atención sanitaria a los pacientes.

Ítems necesarios para la Aceptación Profesional de la Práctica Colaborativa (factor 3)

  1. Este médico acepta que yo tengo un papel en la seguridad de los medicamentos (ej. identificación de interacciones, reacciones adversas, contraindicaciones…).
  2. Este médico me involucra en la toma de decisiones sobre el tratamiento farmacológico de determinados pacientes.
  3. Este médico acepta que yo tengo un papel en la efectividad del tratamiento farmacológico.

Pero, ¿cómo se utiliza? Cada respuesta se puntúa en una escala Likert de frecuencia de 7 puntos, donde 1 es nunca y 7, siempre. «De esta forma conocemos con qué frecuencia se producen esas interacciones entre ambos profesionales. Esto lo diferencia de otras herramientas en las que se utiliza escala de frecuencia de cinco puntos de respuesta, siendo estas menos fiables que las de siete», aclara. 

Como especifica Sánchez Molina, «la herramienta tiene una puntuación máxima de 98 puntos, que significa que el farmacéutico ha respondido en la escala Likert de frecuencias con 7 (que equivale a siempre) a todas las preguntas del cuestionario. A partir de este dato se pueden establecer relaciones con puntuaciones más bajas: para el factor Activación de la Práctica Profesional Colaborativa (7 ítems x 7= 49 puntuación máxima), para el factor de Integración en la Práctica Profesional Colaborativa (4 ítems x 7= 28 puntuación máxima) y para el factor Aceptación Profesional de la Práctica Colaborativa (3 ítems x 7= 21 puntuación máxima)».

Con las puntuaciones obtenidas, el farmacéutico podrá saber, dice la autora, qué interacciones son susceptibles de ser mejoradas, «que serían aquellas en las que el farmacéutico contesta en el entorno de las bajas frecuencias». 

Método de validación

El otro plus de la herramienta es que ha sido validada, un proceso que, según Sánchez Molina, es «complejo» e implica múltiples etapas con evidencia empírica». Para ello, ha empleado el método de DeVellis (DeVellis RF. Scale development: Theory and applications: Sage publications), que consta de ocho etapas, incluyendo el diseño del cuestionario y la posterior validación del mismo. «Todos los cuestionarios deben cumplir dos criterios indispensable para considerarse válidos -recuerda la farmacéutica-, que son la validez de contenido y la fiabilidad. La primera se basa en el análisis del concepto que se quiere medir y la forma empírica de llevarlo acabo es aplicar el analisis factorial. Esta técnica estadística explora las respuestas a las preguntas del cuestionario, agrupandolas en función de factores suyacentes. Por otra parte, un cuestionario se considera fiable cuando puede ser medido en téminos de consistencia interna. Esto se refiere a si los ítems que miden un mismo atributo presentan homogeneidad entre ellos. La técnica estadística en el alfa de Crobach, como norma general, se admite que el valor debe ser igual o superior a 0,7″.

Cuestión de minutos

La experta asegura que este cuestionario «puede ser utilizado por cualquier farmacéutico comunitario, independientemente de los servicios que preste en su farmacia». Además, resalta que «los 14 ítems pueden contestarse en unos minutos, de esta forma el farmacéutico conoce cuáles son las interacciones concretas que pueden mejorar». 

A su juicio, impulsar la práctica colaborativa entre médicos y farmacéuticos, pasa por realizar «proyectos de investigación que generen evidencia para diseñar estrategias que favorezcan la relación profesional colaborativa entre ambos profesionales y, posteriormente, poder implantarlas».

Noticia disponible en Diario Médico.